- Proceso sensual -
Deseo, idea, planeamiento y ejecución, pasos encadenados que deben superarse para saciar el instinto carnal, para sentir placer y exponer la diferencia del ser humano respecto al resto de seres vivos, para alimentar nuestra alma usando el cuerpo, comprender que tanto valoran y hasta donde podemos llegar con otro ser humano o quizás reconocer cuan poco somos aceptados.
Con simpleza podemos detenernos en el primer paso, el deseo, quizás llegar con cautelosa reserva a la idea, o tal vez avanzar en caluroso ánimo hasta el planeamiento o de hecho dominar todo el proceso y colmar la aspiración anhelada.
La posibilidad de quedarse sin concretar o realizar lo previsto, sin alcanzar el estimado propósito es habitual, pueden ser razones externas las que no permitan coronar la planeada expectativa o acaso por exclusiva decisión no se llegue a consumar la presunta seducción, cuantas veces nos ha ocurrido que la hembra o varón que se codicia, que tenemos en mente cautivar, empieza a desilusionarnos, a dejarnos de interesar, o peor aún, que algún imponderable aleje o desvié nuestro objetivo, en realidad se pierde poco, todo el proceso está cargado de sensualidad y en esencia es lo que se busca, tengo la certeza que desde el principio, cuando aparece el deseo y surge el desenfreno cerebral nos inundamos de erotismo.
Esta exquisita exaltación del amor crece aún mas y se torna en fogosidad cuando se apodera de nosotros la idea, al momento de planear el cortejo la pasión nos desborda, el apetito sexual se magnifica y la intención de conquista invade nuestro pensamiento, para terminar la estrategia que permite seducir o completar el ciclo, coronar las expectativas, efectuar el coito y satisfacer la destreza lúbrica, nos recompensa, terminamos plenos, henchidos de éxtasis y rebosando de placer.
Aparece de manera imprevista, sin aviso ni voluntad expresa, la emoción brota al distinguir la persona o cuerpo que permitirá desfogar nuestra reprimida lascivia y apetito venéreo, es el deseo que se manifiesta, que provoca el impulso, el estímulo que sacude nuestra obscenidad y despierta apetencias carnales. Puede ser una mirada, un gesto, un cuerpo o parte de el, un hermoso trasero, unos pechos atrevidos o sencillamente unas largas y estilizadas piernas, una imagen idealizada o el carisma exhibido, una expresión o simple comentario, un bello rostro, color de piel, cabello terso, una prenda de vestir o quizás el tamaño de los pies, no existe patrón, receta o regla establecida, nada ni nadie puede establecer pautas al respecto y eso es indiscutible.
Al despertar el apetito sexual fijamos nuestro objetivo, se relame el libido, aflora la deshonestidad y retraemos el pudor, la búsqueda de gratificación genital y el afán de encontrar placer forja la idea, como satisfacer nuestra apetencia se vuelve vital, se instala en nuestro pensamiento y modifica las prioridades existentes, algunas veces una erección involuntaria nos acompaña, en otras dilatamos las pupilas o aumentamos el ritmo cardiaco, podemos salivar en exceso o descargar adrenalina, cada cual a su manera establece los parámetros, el miedo o temor, la euforia o alegría, la certeza o seguridad son artilugios internos que detonan en el cerebro y provocan la fuerza o determinación para abordar al objetivo de nuestra seducción y lograr nuestro cometido.
El asedio, la embestida final, invadir el ego y despertar avidez, someter la voluntad de la persona apetecida, demostrar nuestra virtud o fingirla, poseer el control. Planear es fundamental para coronar la proyectada pretensión, define el triunfo o la desilusión, la conquista o el menosprecio, es una labor sutil, casi imperceptible, establecer el contacto, provocar interés y dominar el escenario, se requiere astucia y denuedo, mensajes en doble nivel, señas seductivas o tretas psicológicas, una palabra u oración en doble sentido, un gesto singular, una rasgo inductivo o indiferencia calculada, certeza, autenticidad o seguridad, ser ameno, ilustrado, alocado u obsesivo estas son solo algunas virtudes y artimañas que se muestran o aplican respectivamente, cada una de acuerdo a circunstancias especificas. La táctica en el planeamiento varia, se ajusta al momento u ocurrencia, se modifica o reafirma de acuerdo a la acogida o resistencia del seducido, es la clave del éxito o el principio del fin, cuando el seductor percibe el interés del seducido y su ánimo lo manifiesta se procede a fijar intenciones para concretar el paso final.
Si la táctica es trascendente y se mantiene la estrategia, la ejecución, cópula, el enlace sexual se consigue, se cumple el proceso y el triunfo es dual, ambos protagonistas participan en forma voluntaria y activa, la pareja florece y el disfrute carnal se produce, a veces los roles del proceso se diluyen y se instalan nuevos o también se consolidan los ya existentes, el sentido de dualidad es vital, es lo que determina si la relación sexual será pletórica o solo una manifestación licenciosa de uno de los individuos, puede significar la interacción de sentimientos y pasiones o simplemente una compensación sexual unipersonal.
Aparece de manera imprevista, sin aviso ni voluntad expresa, la emoción brota al distinguir la persona o cuerpo que permitirá desfogar nuestra reprimida lascivia y apetito venéreo, es el deseo que se manifiesta, que provoca el impulso, el estímulo que sacude nuestra obscenidad y despierta apetencias carnales. Puede ser una mirada, un gesto, un cuerpo o parte de el, un hermoso trasero, unos pechos atrevidos o sencillamente unas largas y estilizadas piernas, una imagen idealizada o el carisma exhibido, una expresión o simple comentario, un bello rostro, color de piel, cabello terso, una prenda de vestir o quizás el tamaño de los pies, no existe patrón, receta o regla establecida, nada ni nadie puede establecer pautas al respecto y eso es indiscutible.
Al despertar el apetito sexual fijamos nuestro objetivo, se relame el libido, aflora la deshonestidad y retraemos el pudor, la búsqueda de gratificación genital y el afán de encontrar placer forja la idea, como satisfacer nuestra apetencia se vuelve vital, se instala en nuestro pensamiento y modifica las prioridades existentes, algunas veces una erección involuntaria nos acompaña, en otras dilatamos las pupilas o aumentamos el ritmo cardiaco, podemos salivar en exceso o descargar adrenalina, cada cual a su manera establece los parámetros, el miedo o temor, la euforia o alegría, la certeza o seguridad son artilugios internos que detonan en el cerebro y provocan la fuerza o determinación para abordar al objetivo de nuestra seducción y lograr nuestro cometido.
El asedio, la embestida final, invadir el ego y despertar avidez, someter la voluntad de la persona apetecida, demostrar nuestra virtud o fingirla, poseer el control. Planear es fundamental para coronar la proyectada pretensión, define el triunfo o la desilusión, la conquista o el menosprecio, es una labor sutil, casi imperceptible, establecer el contacto, provocar interés y dominar el escenario, se requiere astucia y denuedo, mensajes en doble nivel, señas seductivas o tretas psicológicas, una palabra u oración en doble sentido, un gesto singular, una rasgo inductivo o indiferencia calculada, certeza, autenticidad o seguridad, ser ameno, ilustrado, alocado u obsesivo estas son solo algunas virtudes y artimañas que se muestran o aplican respectivamente, cada una de acuerdo a circunstancias especificas. La táctica en el planeamiento varia, se ajusta al momento u ocurrencia, se modifica o reafirma de acuerdo a la acogida o resistencia del seducido, es la clave del éxito o el principio del fin, cuando el seductor percibe el interés del seducido y su ánimo lo manifiesta se procede a fijar intenciones para concretar el paso final.
Si la táctica es trascendente y se mantiene la estrategia, la ejecución, cópula, el enlace sexual se consigue, se cumple el proceso y el triunfo es dual, ambos protagonistas participan en forma voluntaria y activa, la pareja florece y el disfrute carnal se produce, a veces los roles del proceso se diluyen y se instalan nuevos o también se consolidan los ya existentes, el sentido de dualidad es vital, es lo que determina si la relación sexual será pletórica o solo una manifestación licenciosa de uno de los individuos, puede significar la interacción de sentimientos y pasiones o simplemente una compensación sexual unipersonal.


















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